"Las ideas no duran mucho; hay que hacer algo con ellas".

D. Santiago Ramón y Cajal


domingo, 3 de octubre de 2010

HEMOSTASIA Y EJERCICIO

Los mecanismos hemostáticos dependen de cuatro factores: la pared vascular, la función plaquetaria, la coagulación sanguínea y la fibrinólisis. El mantenimiento de una hemostasia normal supone el correcto funcionamiento de estos cuatro factores, de forma que la alteración de uno solo de ellos es siempre causa de patología.
Se ha demostrado que el ejercicio físico tiene múltiples efectos sobre la hemostasia y esto depende fundamentalmente de las características del sujeto (edad, sexo, patología de base, estado de entrenamiento,…) y del tipo de ejercicio físico (calidad, intensidad, duración,…). Aunque este tema ha sido objeto de numerosos estudios desde hace muchos años, sabemos que existe una íntima relación entre hemostasia y actividad física pero desconocemos bastante acerca de la naturaleza de estos cambios.
Así, la bibliografía establece que el ejercicio físico induce un acortamiento del tiempo de coagulación en sangre completa y del tiempo parcial de tromboplastina, aunque no están claros los efectos del ejercicio sobre los tiempos de Trombina (TT) y Protrombina (TP) ni tampoco la duración de estos efectos tras el ejercicio. Tampoco está totalmente claro si la magnitud de estos cambios es diferente con distintas intensidades y/o duraciones de ejercicio o con diferentes tipos de ejercicio.
Por otra parte, está aceptado que tras el ejercicio intenso hay un estado de hipercoagulabilidad que probablemente está mediado por un aumento del factor VIII. Ejercicios de diferente intensidad y duración inducen aumentos en la actividad del factor VIII que muestran una correlación positiva con la intensidad del ejercicio o, en el caso de ejercicios de resistencia, con el volumen de trabajo. Aunque no se conoce muy bien el mecanismo, parece ser que el estímulo responsable de este aumento de factor VIII está mediado por receptores beta-adrenérgicos, pero no todo el mundo está de acuerdo.
En cuanto al fibrinógeno, no podemos formar una opinión clara ya que los estudios que investigan los efectos del ejercicio agudo sobre la concentración plasmática de fibrinógeno aportan conclusiones contradictorias. Y por lo que respecta a las plaquetas, se acepta que el ejercicio extenuante induce un aumento en el recuento de plaquetas que se atribuye a la liberación por parte del bazo, médula ósea y lecho vascular pulmonar.
Parece existir bastante acuerdo en que los cambios de hipercoagulabilidad que induce el ejercicio se ven compensados por cambios paralelos en la fibrinólisis que ayudan a restablecer el equilibrio. Así, está aceptado que el ejercicio intenso induce una importante activación de la fibrinólisis a consecuencia de la liberación del Activador Tisular del Plasminógeno (tPA) a partir de células del endotelio vascular. Parece ser que estos aumentos de la actividad fibrinolítica son dependientes de la intensidad pero no hay acuerdo sobre su duración.

Dada la importancia que estos aspectos pueden tener para la salud de los deportistas que pasan buena parte de su vida entrenando y compitiendo a altas intensidades y con grandes volúmenes de trabajo, sería muy importante investigar sobre algunos aspectos que requieren ser aclarados. Entre ellos destaca la escasa información respecto al entrenamiento deportivo de alta competición y el hecho de que los trabajos son poco concluyentes y se refieren mayoritariamente a población sedentaria que sigue algún programa de acondicionamiento o a pacientes que siguen un programa de actividad física.
Hay muy pocos trabajos controlando el tipo de ejercicio, su intensidad y duración, por lo que la relación entre intensidad de ejercicio y los fenómenos de activación de la coagulación y la fibrinólisis es aún controvertida. Tampoco hay datos concluyentes en deportistas entrenados ya que los artículos publicados al respecto no diferencian niveles de entrenamiento. Es más, la mayoría de ellos son trabajos con un enfoque clínico realizados con pacientes o con sujetos sanos pero no deportistas.
De la misma manera que los cambios en la hemostasia inducidos por el ejercicio son diferentes en sujetos sanos que en pacientes cardiovasculares (por ejemplo) y teniendo en cuenta la más que probable relación de estos cambios con la estimulación adrenérgica, parece razonable suponer que, en el caso de los deportistas, los efectos que el ejercicio tiene sobre la coagulación y la fibrinolisis sean diferentes según el grado de entrenamiento del sujeto.

(Estos datos forman parte de una revisión realizada por la Dra. María Yera Cobo del Servicio de Hematología del Hospital Puerta del Mar de Cádiz, en la que he tenido el placer de colaborar, y que ha sido recientemente aceptada para su publicación en la revista Archivos de Medicina del Deporte).

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